El quinto taller del ciclo “La Cocina Metodológica” presentó herramientas para analizar cuantitativamente respuestas abiertas y estudiar emociones y bienestar en contextos educativos. La actividad reunió a investigadores de Chile y Uruguay y puso énfasis en la importancia de incorporar la experiencia directa de estudiantes en la investigación.
¿Cómo estudiar el bienestar psicológico de los estudiantes sin limitar sus respuestas a categorías previamente definidas por los investigadores? Esa fue una de las preguntas centrales del quinto taller del ciclo “La Cocina Metodológica”, organizado por el Centro de Investigación para la Educación Inclusiva, EduInclusiva, que se realizó en modalidad online bajo el título “Una propuesta para análisis cuantitativo de respuestas abiertas: vocabulario emocional y bienestar”.
La actividad fue impulsada desde la línea de investigación “Motivación, compromiso y bienestar psicológico en la escuela” y tuvo como propósito presentar metodologías que permiten analizar cuantitativamente textos y respuestas abiertas, transformando información desestructurada en datos analizables sin perder de vista las experiencias y significados expresados por estudiantes y otros participantes.
La jornada comenzó con las palabras de bienvenida de la Dra. Verónica López, directora de EduInclusiva, quien destacó el carácter formativo de esta iniciativa y su aporte al fortalecimiento de capacidades de investigación.
“Esta presentación, en realidad, es un taller, porque lo que busca es aportar y contribuir a la formación de investigadoras e investigadores en investigaciones que aporten a nuestra misión, que es avanzar hacia una inclusión educativa y de calidad para todas y todos los niños”, señaló.
La directora de EduInclusiva relevó además el valor de las respuestas abiertas para identificar dimensiones que muchas veces no aparecen en los instrumentos tradicionales. A partir de su propia experiencia investigativa, recordó que este tipo de análisis ha permitido reconocer, por ejemplo, que cuando los estudiantes hablan de convivencia escolar también incorporan elementos asociados al ambiente físico de sus establecimientos.
DAVE: analizar cuantitativamente el vocabulario emocional
Uno de los principales expositores fue el Dr. Nigel Manchini, doctor en Psicología, profesor de Filosofía, docente del área psicológica del Consejo de Formación en Educación de Uruguay y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
Durante el taller presentó el Diccionario Anotado de Vocabulario Emocional (DAVE), un instrumento desarrollado y validado para identificar, clasificar y analizar cuantitativamente el vocabulario emocional presente en textos y respuestas abiertas.
El DAVE permite convertir información textual desestructurada en datos que puedan ser analizados mediante reglas explícitas y reproducibles. Su foco está puesto en el vocabulario emocional literal, incluyendo términos prototípicos, como alegría o miedo, y otros cuyo significado emocional puede depender del contexto, como cansancio o locura.
El diccionario reúne cerca de 19 mil formas lingüísticas, organizadas en 3.051 lemas y 1.041 familias léxicas, y permite clasificar palabras, entre otros criterios, según su valencia positiva, negativa o neutra/ambivalente.
En su proceso de validación participaron estudiantes de educación media de Uruguay y Andalucía, además de cuatro psicólogos hablantes de distintas variantes del español. El instrumento alcanzó un 80,5% de acuerdo entre codificadores y logró captar cerca del 85% del vocabulario utilizado por los participantes.
La validación también permitió observar diferencias culturales en el uso del lenguaje y distinguir cambios asociados a determinados contextos. Por ejemplo, se identificó un uso más frecuente de la palabra “enfado” en España que en Uruguay y una mayor polaridad negativa en las respuestas obtenidas durante la etapa más crítica de la pandemia de COVID-19.
Manchini enfatizó que este tipo de metodología no pretende reemplazar el análisis cualitativo ni las escalas psicológicas, sino complementarlos, permitiendo trabajar con grandes volúmenes de información, reconocer patrones y formular nuevas preguntas de investigación.
Asimismo, presentó resultados preliminares de una investigación en curso con 389 estudiantes uruguayos de formación docente, en la que se combinaron medidas de bienestar con respuestas abiertas acerca de las emociones asociadas a sus instituciones.
Ansiedad, cansancio, estrés y frustración aparecieron entre las experiencias frecuentes, junto con alegría y entusiasmo. Entre quienes presentaban niveles más altos de bienestar destacaban términos relacionados con los vínculos, como amor, cariño, solidaridad, empatía y amistad. En los perfiles con menor bienestar aparecieron expresiones asociadas al abandono, la sobrecarga, el ahogo y la desorientación.
Hacia una definición del bienestar construida por los propios estudiantes
El segundo expositor fue el Dr. Francisco Leal Soto, académico de la Universidad de Tarapacá e investigador principal de EduInclusiva, quien presentó el trabajo que actualmente desarrolla el Centro para comprender cómo los propios estudiantes definen y experimentan el bienestar en sus contextos educativos.
Leal explicó que gran parte de las mediciones de bienestar utilizadas habitualmente parten de modelos y categorías previamente definidas desde la teoría. El desafío del equipo ha sido avanzar hacia una aproximación que permita recoger directamente las experiencias, significados y expresiones utilizadas por los estudiantes.
Para ello se desarrolló el taller “Estrella del Bienestar Estudiantil”, una metodología que invita primero a cada participante a responder individualmente qué significa para él o ella estar bien como estudiante y, posteriormente, a elaborar una respuesta colectiva junto a sus compañeros.
Hasta ahora, el equipo ha realizado siete talleres en cuatro instituciones de educación superior, con 112 participantes, obteniendo 587 respuestas individuales y 99 respuestas grupales.
Una primera categorización permitió identificar distintas dimensiones vinculadas con el bienestar estudiantil, entre ellas la disposición al aprendizaje.
El propósito es continuar ampliando la muestra, perfeccionar las unidades semánticas y contrastar las categorías emergentes con modelos teóricos. A partir de ese proceso, el equipo espera avanzar hacia la construcción de un corpus y, eventualmente, de un diccionario de bienestar estudiantil elaborado desde la perspectiva de los propios estudiantes.
De esta manera, mientras el DAVE ya constituye un instrumento desarrollado y validado para analizar vocabulario emocional, el trabajo liderado por Leal se encuentra en una etapa de construcción orientada específicamente a comprender el bienestar estudiantil desde la experiencia del alumnado.
Aplicaciones en investigación educativa
El taller contó además con los comentarios del Dr. Diego Palacios Díaz, académico investigador de la Universidad Santo Tomás, y de la Dra. Giannina Puddu Gallardo, académica de la Universidad de Tarapacá. La moderación estuvo a cargo de la Ps. Karen Julio Gala, integrante del equipo de investigación de la línea de Motivación, Compromiso y Bienestar Psicológico en la Escuela de EduInclusiva.
Durante su intervención, Palacios presentó una aplicación de esta metodología al análisis de 151 protocolos escolares chilenos sobre desregulación emocional.
El estudio permitió identificar la relevancia que adquieren conceptos como “calma” y “seguridad” en estos documentos, además del uso frecuente del verbo “deber”, lo que permitió examinar cómo los protocolos asignan responsabilidades tanto a estudiantes como a adultos frente a situaciones de desregulación emocional.
Palacios destacó que el análisis cuantitativo del vocabulario puede contribuir a hacer visibles supuestos, relaciones sociales y pautas de acción presentes en documentos educativos, además de complementar y profundizar las interpretaciones cualitativas.
La actividad permitió mostrar que el análisis del lenguaje puede constituirse en una herramienta relevante para la investigación educativa, especialmente cuando se utiliza para incorporar de manera más sistemática la voz de estudiantes y comunidades educativas en el estudio del bienestar, las emociones y la inclusión.
